• Loida Gonzalez

EVIDENCIAS DE UNA CONVERSIÓN GENUINA. 1 Juan 2:


TEXTO ÁUREO: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2: 1.

INTRODUCCIÓN:

En el estudio del primer capítulo de 1 Juan, el Apóstol ante todo presentó el fundamento doctrinal de una verdadera comunión con Dios, y es la persona y obra de Jesucristo. No puede haber verdadera comunión si se tienen falsas creencias sobre Él. Los dos primeros versículos enseñan su eternidad y la realización de su Encarnación. El mismo que existió desde toda la eternidad con el Padre, vino a este mundo como verdadero hombre. Los apóstoles vieron, palparon, escucharon y testificaron que el Verbo de vida no fue una ilusión pasajera, sino una verdadera persona. Esta verdad incuestionable les preparó para compartirla con el mundo, registrarla en las Escrituras con precisión y morir creyéndola. Que maravillosa experiencia comunicaba Juan al testificar de Jesús a sus hermanos creyentes! Lo vio, estuvo diariamente con El, conocía como hablaba, enseñaba y amaba. Lo vio en la cruz dando su último y más elocuente mensaje. Dar su vida por cada uno de nosotros! Juan escribe a los creyentes a fin de que su gozo sea completo.

Les muestra que la afirmación de una visión adecuada acerca de Cristo constituye LA PRIMERA PRUEBA DE CONVERSIÓN GENUINA. Y para que esto sea así trata el problema del pecado. La conversión no erradica la naturaleza de pecado, pero si implanta en el creyente la nueva naturaleza, procedente de Dios, la cual da el poder para vivir victoriosamente sobre el pecado, pero para ello debemos reconocer que pecamos y que no debemos engañarnos, sino confesarlo humildemente delante de Dios.

LA CONFESIÓN CONTINUA DEL PECADO ES LA SEGUNDA PRUEBA DE CONVERSIÓN GENUINA.“Estas cosas os escribo para que no pequéis”. 1 Juan 2: 1-2. El Apóstol encara el problema del pecado. La comunión verdadera con Dios no demanda vidas sin pecado, sino más bien que reconozcamos abierta y humildemente ante nuestro Señor acerca de nuestra condición. Juan nos da la perfecta regla de Dios para su pueblo y su provisión llena de gracia en nuestros fracasos. Afectuosamente escribe “hijitos míos”, haciendo resaltar que sus lectores pertenecemos a la familia de Dios, y escribe “para que no pequemos”. Aunque un cristiano debe reconocer y confesar sus pecados con regularidad es impotente contra él. Cumplir el deber de la confesión no da licencia para pecar porque lo cierto es que el pecado puede y debe ser conquistado mediante el poder del Espíritu Santo. (Ro. 6: 12-14; 8.12- 13: 1; 1Co. 15: 34; Tito 2: 11-12; 1 Pedro 1: 13-16). Las leyes de Dios son perfectas, como Él lo es. Y como sabe que somos polvo ha preparado en su infinita misericordia, la provisión necesaria en el momento del fracaso: “Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. La palabra para abogado se traduce Consolador en Juan 16: 7.

El abogado es uno que se coloca al lado de otro en el momento del juicio para defenderlo. Los abogados conocen profundamente todas las leyes y saben cómo sacar absueltos a los transgresores de la misma. Cristo es nuestro Abogado. Y como nuestro abogado busca llevarnos al arrepentimiento, a confesar nuestros pecados y abandonarlos. Cristo es nuestro representante legal ante el trono del Padre. Satanás puede levantarse como el Acusador, (Zacarías 3; Apocalipsis 12: 10), pero Cristo se levanta allí como nuestro Abogado. Esto nos revela que aunque el pecado quebranta la comunión, no rompe la relación. Cuando una persona nace de nuevo desde aquel momento Dios es su Padre y nunca nada podrá afectar la relación. Jesucristo no sólo es nuestro Abogado, sino también la PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS. Significa que por haber muerto por nosotros, nos liberó de la culpa de nuestros pecados y nos restauró con Dios, proveyendo la necesaria satisfacción y eliminando toda barrera en la comunión. Y Juan añade estas palabras: “no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

TERCERA PRUEBA DE CONVERSIÓN GENUINA: Obediencia a los mandatos de Dios. 1 Juan 2: 3-6. Juan describe la obediencia del creyente de una manera triple: a) Guardar sus mandamientos, v. 3. Esto es obedecer las enseñanzas de Jesús tal como vienen en el Nuevo Testamento. b) Guardar su Palabra, significa, no sólo la obediencia a lo que está escrito, sino también un deseo de hacer lo que a Él le agradaría. c) Andar como él anduvo es la plena expresión de la norma de Dios para su pueblo. Es vivir como Jesús vivió. En el v. 4 Juan señala que si alguna persona dice que conoce a Dios, pero no guarda sus mandamientos no está diciendo la verdad. En cambio, (V. 5), cuando guardamos su palabra el amor de Dios se ha perfeccionado en nosotros. El pensamiento o la idea es que el amor de Dios hacia nosotros ha sido llevado a su meta cuando obedecemos y guardamos su palabra. Cumple su objetivo y alcanza su fin al producir obediencia a Él. El que dice que permanece en El debe andar como Él anduvo. V. 6. Jesús es el modelo a seguir, su vida de obediencia es nuestra pauta y guía. Con nuestras propias fuerzas no podemos, pero con el poder del Espíritu Santo todo es posible.

CUARTA PRUEBA DE CONVERSIÓN GENUINA: El amor a los hermanos. 1 Juan 2: 7-17. El Apóstol Juan dice que no escribe mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que es la palabra que ellos escucharon desde el principio: El Señor Jesús había enseñado a sus discípulos a amarse desde el comienzo mismo de su ministerio terrenal. En el v. 8 dice “sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo”. La palabra nuevo no significa aquí una “innovación introducida en el tiempo”, sino algo que es fresco en cualidad, clase o forma. Algo que reemplaza otras formas que ya están desgastadas y caducas. En esta nueva dispensación de la gracia no sólo es nuevo y verdadero en el Señor Jesús sino en los creyentes. Era una manera de amar fresca y nueva en el corazón de los creyentes que habían salido del paganismo lleno de oscuridad a la luz de Cristo que les trajo el evangelio de Cristo.

FALSOS CREYENTES. LOS QUE DICEN QUE ESTÁN EN LUZ Y ABORRECEN A SU HERMANOS. 1 Juan 2: 9-11. En el lenguaje original la palabra “aborrece” transmite la idea de algo habitual que se caracteriza por un estilo de vida lleno de odio y amargura. Con esa manera de vivir demuestran que nunca han nacido de nuevo y no son parte de la familia de Dios. (Juan 8: 39-44). Los verdaderos creyentes son hijos de Dios, pero los falsos creyentes son hijos del diablo como claramente expresó Jesús en el pasaje citado.

CONCLUSIONES:

En el estudio de hoy hemos tratado la segunda prueba de conversión genuina que es la confesión continua del pecado. Es la actitud del creyente de reconocer su condición espiritual y en humillación a Dios confiesa los pecados cometidos. Una persona que es indiferente a su vida espiritual no da señales de ser un verdadero hijo de Dios.

La tercera prueba de conversión genuina es la obediencia a los mandamientos de Dios, y a su palabra lo cual lleva al creyente a un estilo de vida acorde al de Jesús. El debe ser nuestro máximo ejemplo a seguir.

Como cuarta prueba de conversión genuina esta el amor a los hermanos. Como la gran familia de Dios, somos hermanos unos de los otros sin que haya discrimen por raza, situación social u otro motivo. Todos los redimidos por Jesús debemos ver a nuestros hermanos como hijos de Dios semejantes a nosotros.

La Biblia es nuestra lámpara. A la luz de ella, cada uno de nosotros debe probarse y definir: Mi vida cristiana lleva las marcas de una conversión genuina? Qué sea su Santo Espíritu quien nos guíe a toda verdad.

Loida J. González Septiembre 30/ 2018.

- Santa Biblia, Reina Valera 1960. Holman Bible Publisher, 1992.

- Biblia de Estudio MacArthur. Reina Valera 1960. John MacArthur, Grupo Nelson, 2012.

- Comentario al Nuevo Testamento, William MacDonald, Editorial CLIE, 1995.

- Genuinos en Cristo. Warren W. Wiersbe, Editorial Bautista Independiente, 1994.

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