• Loida Gonzalez

Jairo, el padre que lo arriesgo todo por su hija. Marcos 5: 21- 24, 35-43.


INTRODUCCIÓN

El pasaje que vamos a estudiar hoy es uno de los más brillantes de la Biblia. El evangelio según Marcos presenta a Jesús como aquel que tiene poder sobre los elementos de la naturaleza, (Marcos 4: 36-41), sobre los espíritus inmundos, (Marcos 5: 1-20) y sobre las enfermedades y la muerte, (Marcos 5: 21-43). En el primero, los discípulos, quedaron mudos de asombro al ver como Jesús, con su palabra, reprendió al viento y mando al mar a callar y enmudecer. Aquellos humildes pescadores, que conocían bien lo que era una tempestad exclamaron: ¿Quién es este, que aún el viento y el mar obedecen? Seguidamente, otro momento lleno de temor, de espanto y admiración. El pobre endemoniado gadareno es liberado de las fuerzas satánicas que lo oprimían. A este se le dio el mandato de decir el testimonio de su vida y lo hizo, pero los que vieron el milagro, lastimosamente expulsaron a Jesús de aquellos contornos. Dice Marcos 5: 21 que Jesús volvió de nuevo a la otra orilla, tal vez de Capernaun, lugar de donde habían partido y allí encontró una gran multitud y Él estaba junto al mar.

I. JAIRO, UN PRINCIPAL DE LA SINAGOGA SE POSTRA ANTE JESUS. Vv. 22 Y 23.

Consideremos primero que es una sinagoga. Son instituciones donde los judíos se congregan para dar sus servicios de adoración a Dios, hacer oraciones y otras actividades. Surgieron en el exilio del pueblo en Babilonia. Sin ellas los judíos no hubieran podido conservar su identidad religiosa y nacional. La administración de estas la ejercían personas notables de la comunidad, los cuales realizaron tan bien su trabajo que los judíos preservaron su conciencia de pueblo singular. En tiempos de Jesús hubo muchas sinagogas y tanto Jesús, como sus discípulos las visitaban con frecuencia. ¿Quién era un principal en la sinagoga? Una persona escogida por sus cualidades sobresalientes para desempeñar el cargo. El principal ejercía el gobierno de la sinagoga, integrado por un comité de personas notables de la comunidad. El principal organizaba los cultos en la sinagoga y había una persona que era el ministro, el cual entregaba los rollos de la Torá a quien lo iba a leer y había un tercer funcionario que recibía las ofrendas y las guardaba. Es decir, Jairo, uno que ostentaba el más alto cargo en la sinagoga, el más respetado y admirado de su comunidad se acerca Jesús implorando ayuda; uno que tal vez se escandalizó por la sanidad del hombre de la mano seca, (Mr. 3: 15), pero que ahora estaba sumido en el desespero y el dolor de que su única hija podía morir. Pero no solo le rogaba que fuera a su casa, sino que se postro a sus pies. Un prestigioso funcionario judío arrodillado a los pies del humilde carpintero de Galilea! Que contraste! Los padres y las madres que amamos a nuestros hijos sabemos que cuando un hijo se enferma, hacemos todo lo que haya que hacer por salvarle! Este hombre llamado Jairo, estuvo dispuesto a perderlo todo para que su única hija se salvara. Por eso “le rogaba mucho, diciendo: ven y pon las manos sobre ella, para que sea salva y vivirá”. Qué tristeza más profunda! Cuánto dolor en el ruego!! ¿Estamos nosotros como padres, rogando a nuestro Dios por nuestros hijos? No hay dolor más grande que saber a nuestros hijos muertos espiritualmente. Pero Jesús escucha nuestro ruego, sabe de nuestros dolores y escucha nuestra oración. Jesús vio en Jairo al padre desconsolado que no se detuvo en consideraciones sociales, ni lo que esto significaba para su posición dentro de la asamblea que dirigía, y en la cual estaban aquellos que odiaban a Jesús. Solo pensó en la vida de su hija. ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio por nuestros hijos?

II. JESUS ACEPTA ACOMPAÑAR A JAIRO HASTA SU CASA. V. 24.

“Fue pues con él; y le seguía una gran multitud y le apretaban”. Imaginamos la escena. Una gran cantidad de personas obstruyendo el camino a casa!! Cuánta impaciencia la de Jairo! Pero cuánto respeto al Señor Jesús! Los versículos del 25 al 34 narran otra historia de dolor y desconsuelo. La mujer que padecía flujo de sangre formaba parte de la inmensa muchedumbre que apretaban a Jesús e impedían al Maestro caminar hacia el hogar de Jairo! Una mujer que al oír hablar de Jesús tuvo fe en Él. Sabía que si solamente tocaba el borde de su manto quedaría sana y así fue. Las consoladoras palabras de Jesús a la mujer “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote”, fueron escuchadas por el desconsolado e impaciente padre.

III. JAIRO RECIBE LA TRISTE NOTICIA. V. 35

“Mientras Él aún hablaba vinieron de casa del principal de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al Maestro? La mayoría de las personas conocen el dicho que dice “todo tiene solución, menos la muerte”. Tal vez muchos de nosotros lo hemos repetido en alguna oportunidad. Jairo, aunque lo esperaba, tal vez sintió que la tierra se abría a sus pies. Se única esperanza se desvanecía, y sintiendo que el dolor rompía su corazón, escuchó las consoladoras palabras de Jesús: “No temas, cree solamente”. Cuando la ciencia dice que no hay remedio, sentimos que nuestro dolor es incomparable, cuando no esperamos otra cosa que perderlo todo, entonces se escucha la voz de Dios diciéndonos esas mismas palabras. Y al buscar la ayuda de Jesús, Jairo sabía de su poder! Aunque los fariseos, herodianos saduceos, sacerdotes y todos aquellos que componían la jerarquía religiosa combatían a Jesús, Jairo creyó en Él. Lo llevó a su casa e hizo todo cuanto Jesús ordenó. Que obediencia! Cuánto nos enseña la vida de este padre! Y hasta allí siguió con la multitud. No permitió curiosos ni personas que fueran a estorbar. Escogió a tres de sus discípulos, los más allegados, y aquellos a los cuales dejaría una gran responsabilidad. A Pedro, Jacobo y Juan. Los mismos que fueron testigos de lo que ocurrió en el monte de la transfiguración serían testigos del milagro que Jesús iba a hacer, tal vez como testigos para hacer un testimonio válido, según Deuteronomio 17: 6, o como parte de la preparación como futuros líderes de la iglesia.

IV. JESUS ENTRA A LA CASA DE JAIRO. Vv. 38-40.

“Y vino a casa del principal de la sinagoga y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando les dijo: Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme”. Y se burlaban de Él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y entró donde estaba la niña”. Humanamente hablando, es uno de los momentos más difíciles que nos toca enfrentar. Es difícil no quebrantarse de dolor al ver a dos seres desconsolados que han perdido su única hija. En casa de Jairo ya estaban las plañideras[1], haciendo sus lamentaciones, tal vez también familiares y amigos, a los cuales las palabras de Jesús les causaron burla. Qué pensarían? Seguramente pensaron que estaba loco. Hubo un suspenso…Pronto las cosas cambiarían en aquella casa. El Señor Jesucristo puede cambiar nuestro lamento en baile en un instante.

V. JESUS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO. Vv. 41 al 43.

“Y tomando la mano de la niña le dijo: TALITA CUMI, que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate”. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero Él les mandó mucho que nadie lo supiese y le dijo que le dieran de comer”. Que dulzura la de Jesús al pronunciar esas cariñosas palabras! Algunos opinan que de esa forma las madres llamaban a sus niños para despertarles por la mañana: Talita cumi! Palabras de Jesús que causaron espanto, asombro! Qué alegría! Que cambio en un momento! Las risas llenaron la casa! El principal estaba feliz! Valió la pena arriesgarlo todo, tenía a su amada hijita sana y salva. Hay personas cuyos hijos están a punto de perderse, pero por temor a la opinión de los demás, por no perder amistades, por no recibir burlas, no se deciden a pedirle a Aquel que es poderoso para que las situaciones adversas de la vida cambien en un momento. Solo Jesús puede llenar de paz y gozo un corazón atribulado, solo Él puede sanar heridas, solo Él responde, de acuerdo con su voluntad. Escuchemos las palabras de Jesús: “No temas, cree solamente”. Creer en Él, en su persona y obra, en su Palabra, nos lleva a la relación con Dios que llenará nuestra vida de bendiciones.

CONCLUSIÓN:

La porción que hemos estudiado hoy nos habla de un hombre que tuvo el valor de arriesgar su privilegiada posición por la vida de su hija. Los milagros que seguramente vio hacer, así como las enseñanzas de Jesús, prepararon su corazón, para este inesperado momento de su vida. Jesús le exhortó a no temer, sino creer. En este pasaje Jesús muestra su poder sobre la enfermedad y la muerte. Es Él que todo lo puede! Pero también mostró su amor sin límites por todas las personas. Tanto la pobre y desahuciada mujer como el encumbrado principal de la sinagoga. Alguien dijo que el temor mata la fe. Por tanto alimentémonos de la Palabra viva de Dios, la Biblia, para conocerlo a Él, para que nuestra fe crezca. Llevemos nuestros hijos ante Dios en oración, sin dudar, sin temer. Dios dará respuesta a nuestros ruegos.

[1] Una plañidera era una mujer a quien se le pagaba por ir a llorar al funeral de alguna persona.

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